2013/07/04

La representación política: una ficción política.


Los representantes políticos crean la voluntad general. Sobre esta ficción jurídica se eleva el edificio de la “democracia representativa”.

Esa voluntad general no es algo preexistente sino que se construye mediante un proceso discursivo, mediante el enfrentamiento y la transacción entre los representantes que deben “traicionar” las voluntades concretas de los electores para obtener, en una suerte de destilación, la “voluntad general”.

Sin entrar a discutir esta construcción, o quizás debemos decir ficción, (algo que desde planteamientos radicales puede ser puesto en cuestión), el punto de mira debe ponerse en las formas de control sobre la “traición” que los representantes deben realizar para hacer surgir la voluntad general.

Cuales sean los límites que cualquier “traición política” no debe traspasar, y en caso de que  por mor del acuerdo, la discusión y la deliberación se deban traspasar cuales son los procedimientos para hacerlo.

Articular formas de participación ciudadana para permitir la “traición” Ofrecer la posibilidad de protestar o de poner sobre la mesa otras opciones o formas de traición; y sobre todo: nada de discreción. La ciudadanía debe saber porqué es traicionada, cuales son los argumentos, cuales las razones para poder reaccionar, protestar, patalear o proponer alternativas, que puedan a su vez ser debatidas.

La representación política es, ya lo dijo Hobbes, una ficción (fiction of mind). Su validez está sujeta a la aceptación por parte de la sociedad civil sobre la que se construye el Estado. Son los pies de barro de Leviathan. Si se pone en entredicho la ficción, si la sociedad civil deja de comulgar con muchos de los valores que sujetan el edificio de la representación, ¿es quizás hora de crear una nueva ficción que aglutine una mayor adhesión? O ¿es el momento de apuntalar lo existente?

Las crisis hacen desaparecer los consensos que requieren las ficciones políticas. Hay que volver a buscar la legitimación, hay tal vez que mirar hacia el poder constituyente.

Texto de Andoni Iturbe

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